Quedando en la ruina de la esperanza, sin anhelo, ni deseo, solo viviendo del recuerdo;
Amarte, amarte ha sido un delito, un pecado ¡Indulto he suplicado!
Los dioses se han indignado, esclava del recuerdo, de la vida misma y quedando en el pasado;
Sin reconocer, sin aceptar, sin anhelar.
¿Cómo es el abismo que me espera? o ¿También se desespera?
En el calabozo he quedado, marcada con tus palabras, diciendo adiós, olvidaste abrir la puerta,
abandonándome entre tantos cadáveres, que llevan tu nombre.
El frío de la ausencia quema más que la pasión de tus labios,
A ti he regresado, con lágrimas de suplica, quedándome vacía;
De reina me has condenado a la esclavitud eterna, por lo efímero que en un momento tú y yo vivimos.